Sobre mí

Mi nombre es Amelia Laroyé, y en mis venas fluye un tesoro que no se encuentra en los libros, sino en la sangre. Mis raíces maternas brasileñas me otorgaron un legado religioso-litúrgico sin igual: la Kimbanda en su base más fidedigna. Crecí en un entorno donde lo espiritual no era una teoría, sino el pan de cada día, siendo mi abuela, la gran Amelia Laroyé, la precursora de este camino de fe que hoy yo transito. Cuando mi madre decidió cruzar el océano hacia España, trajo consigo ese credo en sus maletas, recordándome siempre que la magia te encuentra cuando tu fe le construye el camino.

Hoy pongo este conocimiento heredado a tu servicio. No soy una inventora de ritos, soy una custodia de una tradición familiar que entiende que nuestros guías maravillosos siempre están del otro lado, en esa dimensión que llamamos las Trebas o el Astral. Ellos no juzgan, no imponen y nunca abandonan; son las entidades más cercanas a la naturaleza humana y a los problemas de esta vida carnal. Son, en verdad, los amigos más incondicionales que podrías tener en este plano.


Los Guardianes del Umbral: Pombagira y Exú

En la Kimbanda, el equilibrio se manifiesta a través de dos fuerzas fundamentales que rigen el destino de los hombres. Estas entidades no son dioses ni Orixás; son espíritus de luz en evolución que ya vivieron la experiencia terrenal y que hoy deciden manifestarse para redimir su camino ayudando a la humanidad. Se les representa con tridentes y láminas, pero es un simbolismo puro: representan la defensa contra los enemigos visibles e invisibles de este mundo.

Pombagira es la regente del lado femenino, la especialista absoluta en los asuntos del corazón y los afectos. Ella no necesita etiquetas; es la fuerza visceral que trabaja sobre el subconsciente, allí donde se esconden los bloqueos, los prejuicios y los rencores. Cuando Pombagira concede su licencia tras consultar las cartas, su labor es unir dos sinos y dos voluntades, trabajando sobre la mente y el deseo para crear una exclusividad afectiva y una fidelidad inquebrantable. Ella es la mano que sana las heridas del amor y ancla las almas en una relación de verdadera evolución.

Exú, por su parte, representa el lado masculino y el equilibrio físico. Es el guardián del orden astral, la «policía» que vigila nuestros actos y nos protege de las asechanzas. Su misión es la defensa, la limpieza profunda y, sobre todo, la apertura de los caminos materiales. Si buscas prosperidad profesional, éxito en la legalidad, el azar o la estabilidad monetaria, es Exú quien ejecuta el «trabajo sucio» astral, desaguando las energías negativas que se acumulan en las calles y en tu propia vida.

No es una casualidad que estés leyendo estas palabras. Si tu espíritu ha sentido curiosidad, es porque la llamada de las entidades ha resonado en tu interior. Aquí encontrarás respeto, diligencia y la fuerza de una tradición que no conoce imposibles.

¡Saravá! ¡Laroyé Mojubá!


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