Salve a quien camina en las sombras y a quien busca la luz en el Reino. Soy Amelia Laroyé, hija de la fe y servidora de los que nunca duermen.
Mi web no es un comercio de ilusiones, sino un suelo firme bendecido por la fuerza de la Kimbanda y la alta magia afrobrasileña. Aquí no se habla de imposibles, porque para las entidades que acompañan mi paso —mis guías, mis maestros y señores de los caminos— no hay puerta que no se abra cuando se golpea con la verdad y el respeto sagrado.
Entiendo el peso de tu carga. Sé lo que es sentir el frío del estancamiento y la oscuridad de la duda. Pero te digo con la autoridad que me dan mis antepasados: no hay nudo que la fuerza de un Exu no pueda desatar, ni amargura que la mano de una Pombagira no pueda transformar en victoria. Mi labor no nace de la ambición, sino de un pacto de amor y espíritu con mis entidades. Mi haché es para servir, para levantar al caído y para devolverle el mando de su destino a quien lo ha perdido.
En este cruce de caminos donde tantos pretenden imitar mi nombre y engañar con falsas promesas, recuerda que Amelia Laroyé solo hay una. Mi nombre vibra con el respeto de los templos y la gratitud de quienes han visto su vida florecer bajo mi guía. Mi éxito no es un milagro, es el resultado de la devoción absoluta y el conocimiento de los rituales de abrecaminos, los endulzamientos que unen lo que debe estar unido, y las limpiezas que barren con el mal de ojo, la infidelidades y la enfermedad.
Sé que el mundo moderno intenta ocultar estas verdades, pero la magia está viva y yo soy su instrumento. Te ofrezco mi diligencia, mi lealtad y el amparo de mis entidades para tratar tu caso con la seriedad que merece. Aquí no hay juicios, hay soluciones. Si tu corazón ha llegado hasta aquí, es porque la llamada ha sido hecha. Deja que mi fe y la fuerza de mis guías derramen sobre ti la luz que necesitas.
¡Laroyé! ¡Salve los que mandan en la encrucijada!

